20 ago. 2009

LAS AVES Y LOS HOMBRES



...LAS AVES SÓLO TROPIEZAN CUANDO MUEREN,

YA QUE SÓLO AHÍ PIERDEN SU NATURALEZA..


PARA PODER CAER.


CUANDO EL HOMBRE DEJA DE SER HOMBRE...


ES CUANDO CAE.





PERO NO ES PRECISAMENTE CUANDO MUERE...

17 ago. 2009

Melancolía de ti



Tengo melancolía de tí,
porque no has venido,
porque tus pies no se juntan con los míos al caminar.

Me duelen las manos,
el agua que llevo me atraviesa,
la sangre se me rompe
y volar es un arte que no domino más...

Ya no puedo ver,
Me siento inútil tratando de que el asombro se quede,

¿Para qué?

Dices con los labios resecos...

Sabes que todavía no es tiempo,
que las palabras intuyen su hora,
esta no lo es.

Quédate,
porque ahora soy yo quien te llama...

Como hoja de helecho


Sécame las manos
rompiendo mis labios... más de lo que ya están
Quiero que me veas atravesando el desierto, vestida de música
como la mujer que nunca fui.. o mejor dicho, la que soy.

Veme como la niña de tantos años,
como aquellas manos que fotografiaste,
como una carta,
como una hoja de helecho,
como un acorde incierto,
como una grieta donde puedes esconderte en las noches de
lluvia
como una pastilla para dormir...

Quiero que me veas en todas partes,
Quiero que no creas que me estás pensando, si no que te pienso para crear nuestra existencia..

Octubre Lunar


Ayer caminé por las calles empedradas de luces, junto a las nubes lunares de octubre. El viento trataba de robar mi falda el mismo tiempo que el frío corroía mis tibios poros. Dime si no es suficiente acoso de la naturaleza como para irse a respirar el mismo aire a otro lado. Aquel viento aparte de arrancarme la poesía y un montón de hilarachos que llebava en la mano, también se llevó mi rostro.

A la mañana siguiente, me di cuenta de que lo había desperdigado por todo el pueblo. Varios trozos de mí habían volado en la noche estrellada, como hojas enojadas con el suelo, como nenúfares arrastrados.
Encontré pedacitos de mí en las manos pegajosas de niños que jugaban a ser burbujas en el parque, en una nube de corales cristalinos, en miles de ojos que miran el infinito, esos que se nublan de tanto mirarlo. Me encontré enredada en los árboles, en el pudor de las flores, en los ventanales, en las azoteas, en el agua, en las baldosas desgastadas de la calle, en la cruz de la iglesia (y yo tan atea)… casi me quemo sobre las veladoras de los santos.

Traté de juntarlos todos ellos y ponerlos a la luz a que se pegaran, les recé sus comas con todos sus puntos suspensivos. Me encontraba al borde el delirio y de la histeria conjuntiva cuando de repente sin formalidades se pegaron todos ellos.

Más tarde, cuando anocheció. Terminé de echar agua al ocaso, para después mirar por la ventana, mirar el cielo azul de tanto ser mirado, mirar los peces que brillan en aquel cielo constelado, aquél mismo cielo que ayer tenía mi rostro.

Antes de dormir opté por bañarme y sacar el frío que se juntó debajo de mi piel.
Bajo la cortina de agua turquesa salieron de mis poros espectro sol vacantes, hojas de resina y plástico, papelitos doblados con poemas que nunca fueron nombrados, un separador con vidrios de colores, una rosa seca, el amor cubierto de polvo. Al terminar, el baño estaba inundado de nubes húmedas, nubes azules, las mismas de aquél día lunar de octubre.





NOTA: Cuento ganador del "petroconcurso" de cuento, poesía y crónicas taxistas. Publicado en la revista La Piedra en su cuarto numero.
http://revistalapiedra.blogspot.com/

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