En todo el día no he pensado en otra cosa que no sean sus ojos, sus delgadas lineas blancas perdiendose en un brillo que ilumina sus rostros que parecen venir desde abajo en la claridad del atardecer. Me mira a partir un ángulo irrepetible, en la constelacion de flores de crisantemo; esperando la noche, esperando el terrible sentido de la eternidad... o la nostalgia...
Hoy quiero hablar de la sombra de los árboles sobre mi cara, de la brisa que se mece diluyéndonse en el calor. Caminando hasta aqui el sol me parece mas brillante, hasta mis pies mas ligeros, el presentimiento de que tengo algo pendiente que hacer en octubre me hace sentir que cada paso que soy lo tendré que deshacer al día siguiente, aun asi corro con las ganas de quien verá lo imposible.