21 mar. 2011

México es mi madrastra





Ayer me dejé llevar por la curiosidad de ver la película Presunto Culpable, había dos funciones y entramos en las de las 3:10. Olvidé todo lo que había pasado estos días respecto al documental, olvidé las palabras de P que ya sonaban distantes en la oscuridad de la sala: "dicen que los abogados que no quieren que salga a la venta, están recibiendo dinero de Lopez Obrador" No importa, no me importa. Yo quiero ver mi pelicula desde mis ojos, no desde los suyos.

Durante el climax del documental yo me solté a llorar, y H me dijo "no llores" en tono burlón e inmaduro. No pude aguantar las ganas de que me campanearan las lágrimas de rabia, y de ahogo, me cabroneó su tono de voz, las ganas de hacer nada, porque P ya tiene bien metido en el inconsciente que nada puede hacerse contra la corrupción, que yo espero no tenerlo nunca.

Lo que más me impactó no fue la historia en sí, fueron los miles y millones de expedientes amontonados en un cuarto oscuro y gris que combinaba con mi frustración, en medio de la sala de cine sentía que me estaba ahogando entre todos esos papeles roídos y húmedos, sentía que me faltaba el aire y que las palabras "nunca lo vas a poder lograr" se repetían haciendo eco mi cabeza, se hacían cada vez más fuertes cada vez que miraba las estadísticas que sólo se inclinaba el 95% para cosas malas... hay demasiados problemas, demasiada gente, todo esta chueco, todo es corrupción, asquerosa corrupción. En ese momento me dí cuenta de que lo que más me ha costado comprender hasta ahora, es que la vida misma no es justa, y me ha costado trabajo comprenderlo porque no quiero aceptarlo, no puedo.

En el suplemento Laberinto de este sábado (viene incluido en el periódico El Milenio), había un artículo: ¿Qué leían los egipcios antes de la Revolución?. Que habla sobre lo que probablemente fue el detonante: las palabras. Libros como Egipto no es mi madre.. si no mi madrastra, Egipto en estado de alerta, Lo que han vivido los egipcios y Edificio Yacobián por citar pocos, han hecho que el pueblo se sienta identificado con sus historias que nada tienen de ficción. ¿Esto ha hecho que se sientan unidos y fuertes como para expresar su opinión de inconformidad? En México podríamos empezar por publicar menos novelas sobre el narco, escribir más sobre lo que nos pasa ahora mismo.. en lugar de andar leyendo historias sobre vampiros gay que brillan bajo el sol.

Si me preguntan cómo estuvo mi puente de primavera, diré que estuvo revolucionario.

1 ideas vagas:

Mixha Zizek dijo...

Me gustó muchísimo esta entrda, muy sentidita, besos